viernes, 26 de diciembre de 2008

Navidad navidad

Entero transpirado y de muy mal humor por el calor, iba llegando el gordo al trabajo.
Ya estaba cansado de tener que laborar en esta parte del mundo donde el clima lo iba matando de a poquito. Siempre pensó que si lo querían traer a estos lados, por último podrían habérsela jugado con un trajecito más veraniego. Pero no, esta gente era copiona y poco creativa. Pagaban por el trajecito ORIGINAL. Nada de andar innovando.

En todas las casas era lo mismo: que quédese caballero a tomarse una copita de champaña, que los niños van a estar tan contentos. Que no puedo señora, que estoy haciendo dieta, que este año sí que mantengo mis hábitos, que en estos lados se come mucho y el doctor me dijo que el colesterol lo tengo muy alto. Que no se haga el difícil caballero, que todos los años hacía lo mismo y sin ir más lejos, el año pasado había terminado bailando arriba de la mesa e incluso regalándole a su hijo ese precioso auto control remoto que era para el vecino. Que ya no hago esas señora, que eso fue sólo por esos tragos fuertes que toman por acá, que ahorita mismo me voy.

En la micro todos se reían de él creyendo que era un imitador.... Pero a él qué le importaba. Era su trabajo mierda. De qué se reían los pelotudos tercermundistas. Si no querían, no venía.

Igual tenía que ir a todo el mundo. Así era su trabajo. Tenía muchas deudas. Estaba pagando crédito y, para mantener su ritmo de gastos, con el norte no le alcanzaba. Qué diablos, al final el calor no era tan terrible.

1 comentario:

  1. Es increíble como todos los trabajos tienen su lado negativo, incluso los mágicos.

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