
Hace poco iba en un tren camino a Bruselas, a ver a mi "petite copine", como le dicen en francés a las pololas. Estaba leyendo un libro de Saramago, no me acuerdo cual. Iba bien interesado en el libro, pero tambien pendiente de no pasarme de la estación, porque aquí a uno nadie le avisa nada. Mientras leía, al terminar cada página, no podía evitar mirar de reojo a una pareja de belgas que se daban besos en un asiento un poco más adelante. Ella era muy atractiva. Fin de otra página y el tipo ya no estaba, solo la rubiecita flaquita, muy bonita, mirando por la ventana. Se me cruzaron algunos pensamientos negros por un minuto, pensé en mi polola y en el pololo de la rubiecita, y en la rubiecita y en mi. Me acerqué a preguntarle si sabía cuando tenía que bajarme yo, mostrándole mi ticket, con el único objetivo de sentir algo de feedback de la rubiecita linda. Me miró muy simpática y me explicó que la proxima parada era la mia.
Yo tambien muy simpático le agradecí en un francés bastante penca y volví a mi asiento. Miré mi mochila en la repisa sobre el asiento del frente, pensando que no fuera a ser cosa que se me olvidara al bajarme, ahí tenía mi cámara digital recién comprada y toda la ropa que había traido a Bruselas. Imposible, pensé.. es la próxima estación y ya estoy pensando en no olvidarla. Miro a mi lado y aparece la rubiecita parada al lado de mi asiento, mirándome. Se disculpa y me pregunta si entendí bien que es la próxima y me muestra la puerta, me conmueve su suavidad en el trato. Entonces cierro mi libro le sonrío, me despido y encantado me dirijo hacia la puerta. Mientras el tren empieza a parar, pienso que parece ser que le cai bien a la rubiecita. Me bajo y salgo a la estación, contento por que luego voy a ver otra vez a mi polola y además por que soy un campeón conquistador de rubiecitas en trenes... La mochila!

Sería faltar a la verdad decir que don Quio (como sólo algunos pueden decirle) alguna vez pasó penurias o que formó su fortuna a partir de pollitos amarillos. Nones, don Quio siempre tuvo plata. Lo que pasa es que a sus 50 años ya la ha mulpilicado exponencialmente.









